Un montaje interesante al cual le faltaba un toque de profesionalidad. Una representación aceptable dentro de un circuito segundario de danza clásica.
Como se podía imaginar, Iñaki Urlezaga (actualmente bailarín Étoile del Dutch Nacional Ballet de Holanda y anteriormente Principal Dancer del Royal Ballet de Londres) tenía un nivel muy por encima de los demás bailarines. Esta desigualdad se notaba mucho y fue perjudicial a la pieza como totalidad. Era difícil no notar el nivel más bajo del cuerpo de baile en comparación al bailarín principal; no solamente en general si no en la amplitud de las posturas que emprendía y la limitación técnica de los demás.
Había algunos descuidos en el escenario y la iluminación que demostraban falta de experiencia y seriedad por parte de la compañía. Las proyecciones tenían un nivel francamente bajo y, aunque servían para adelantar la narrativa, acabaron quitando unidad visual a la pieza.
Con un poco más aplicación y coherencia, el nivel de la pieza podría haber mejorado mucho, y hubiera dado una posición de más calidad a la iniciativa del Ballet Concierto. |