De paso (Gentian Doda)
Una coreografía tremendamente fuerte y contemporánea que combina música áspera con gestos frescos para crear una reflexión sobre la sociedad moderna. La música de Joaquín Segade nos sumerge en los gritos modernos de chirridos, crujidos y chillidos con una música aislante y deshumanizada. Sofocados por estos ruidos de una sociedad mecánica y tecnológica, irrumpe el primer bailarín con gestos abruptos pero bellamente enlazados, utilizando un lenguaje coreográfico muy original que acentua las formas dobladas y posiciones agachadas.
La coreografía se basa en la alternación de figuras bailando aisladas, pero rodeadas de una masa de gente -un mar uniforme de abrigos grises- que corren mecánicamente enloquecidos por su rutina. En medio de esta masa de autómatas vemos a individuos que bailan sus danzas individuales, y que muchas veces acaban reintegrándose por fuerza en la masa.
Después de algunos de estos solos entre masas, vemos que los individuos -con su ropa de color- son los mismos autómatas. Poco a poco los dos lenguajes coreográficos colisionan y vemos una fusión entre los gestos de la rutina y los brotes de auto-expresión. Con muchas posibles lecturas, la pieza está firmemente arraigada en la sociedad moderna y por tanto es una coreografía altamente fresca y muy contemporánea.
Gentian Doda combina iluminación, sonido y baile para crear una pieza de una fuerza impactante; además de saber sacar el máximo partido del lenguaje corporal personal de cada bailarín. Espero ver otra coreografía suya pronto.
O domina nostra (Nacho Duato)
O domina nostra es una pieza para diez hombres y una mujer, y es una fusión entre lo etéreo y lo terrenal. La virgen de Nacho Duato, en sus palabras, "es la de un médium o intercesora entre Dios y los hombres". El lenguaje coreográfico de la virgen es muy estilizado y gestual y crea un contrapeso a la ola de movimiento de la masa de los seres terrenales. Lo sorprendente es que, como consecuencia, los gestos de la virgen resultan más terrestres y la masa latiendo tiene un carácter más ligero y etéreo.
Esta pieza demuestra el don que tiene Duato para coreografiar cuerpos que responden como una masa, creando una ola pulsando y vibrando con la música. Su capacidad para enlazar los movimientos de grupos de bailarines para que consiguen fusionarse en un todo (que sean diez, tres o dos como se ve en esta pieza) es francamente impresionante.
Puede que el primer elenco, encabezado por Ana Teresa Gonzaga, fuera aun más limpio que el segundo con Ana María López, aunque la maestría de los bailarines de la Compañía Nacional de Danza es siempre sin igual.
Cobalto (Nacho Duato)
Una vez más vemos como Duato puedo resaltar el movimiento puro y la belleza de los cuerpos de sus bailarines. Una pieza que se basa en el color azul cobalto: "El azul es santo y pornográfico, recatado y obsceno." El estrenó absoluto en el Teatro de la Zarzuela presenta, según la compañía, una pieza que se sumerge en el mundo de los sueños eróticos.
Los bailarines principales Dimo Kirilov y Tamako Akiyama crean una pareja muy física y a veces sensual. Sus físicos tan opuestos -fuerza contra ligereza- se unen para crear un dúo estéticamente impactante. No obstante, la elección de una mujer muy andrógina y un hombre reducido a líneas -casi platónicas- de un cuerpo, crea un baile sin apenas un rastro de sexualidad ni sensualidad.
Hay secciones el las cuales hay toques -cintas negras enrolladas en los cuerpos- que nos reenvía a un mundo más oscuro, prohibido, de la sensualidad. Parejas que bailan juntas, que se unen y desunen, se mezclan con cuerpos irrumpiendo en el escenario, y retroceden, y momentos en los cuales el elenco forma un cuerpo cuyas partes se entrelazan.
Se puede resaltar, aparte de los dos bailarines principales, los dúos bellísimos de Clifford Williams y Clyde Archer, dos bailarines impresionantes. Aunque Cobalto es una coreografía altamente bella, salpicada de dúos de una precisión impactante -ocasionalmente carnosos- y de una coreografía muy ágil, carece de coherencia en su totalidad, y peca de ser ligeramente superficial. |