EL JARDÍN SECRETO
LOS SUSPIROS DEL SILENCIO
Bajo mi mirada estas mujeres que se esconden en el silencio de sus jardines secretos son una. Una mujer bella, devastada. Una joven envejecida. Una soñadora anclada en el rito de su labor. Una niña arraigada por el peso que lleva.
Es para esta mujer, para ti, que escribo estas palabras. Para tu fuerte belleza.
VEJEZ O BELLEZA DEVASTADA
Me cautiva tu paisaje abigarrado de emociones. Tus sonrisas, tu tristeza. La huella de un miedo que se petrificó y fue sustituido por fuerza.
Amo y huyo de tu resignación. Sigo tus ojos fugaces y miradas escurridizas. Veo tu huida del peso de ser observada.
De repente, sin que lo oyera, te giras, me miras, y tus ojos murmuran: El otro soy yo, soy tu espejo.
Bebo de la resonancia contagiosa de tu esperanza y de tus miedos. Tus ojos bailan. Quiero escribir su dulce canción pero tropiezo contra el sonido del vacío.
Observada te abres y, mientras me pides silencio, dibujo tu fuerza y trazo los rasgos de tu belleza desteñida por el sol.
JUVENTUD O SUEÑOS LEJANOS
Irrumpe la perfección de tu juventud como una caricia. Me acerco para oler tu frescura y volar en la huella de tus sueños.
No me ves y te sientes invisible. Veo las capas de tu belleza, entremezcladas, envainándote. Protegida, viajas lejos de aquí.
Anclada por la libertad de tus sueños, te entregas a una tranquilidad sin nombre. Respiras los deseos de tu juventud.
Intento seguir en los rastros de tu silencio. Intuyo la mirada suave escondida por el velo de tus párpados.
Estás lejos y cerca a la vez. Cuando reaparece la vida, silenciosamente desvanece la dulce melancolía de la esperanza.
MARÍA MANDINGA O INOCENCIA ROTA
Un día, sin que lo supieras, la vida cambió tus uvas por las tareas que esculpen tus manos envejecidas de niña.
Cada día trabajas, a veces sin prisa, a veces con ansia, y cada día avanza la vida a pasos, de dos en dos.
Oigo a los cantos de tus ojos y veo como crecen las alas de tus pájaros infernales. Ni siquiera tienes los doce años de la niña de la melena cobriza.
De vez en cuando se entrevén, se rescatan, los gestos de tu niñez robada. Tus ojos radiantes y tu piel de recién nacida.
El aprendizaje lejano de tus ritos robó la levedad de tus risas y ahora juegas el juego de la vida.
Me giro y al alejarme noto el calor de tu mirada en mi espalda. Noto el calor de todas estas miradas.
(Text written as a response to artist Gema Herrero's piece El Cuerpo Sutil.)
To go to artist's webpage: www.cuerposutil.com

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